La teoría del canto gregoriano sería expuesta más tarde por el monje anglosajón Alcuino, organizador de la música en la corte de Carlomagno. Fue el quien expuso los ocho modos elcesiásticos o tonos, aunque san Isidoro de Sevilla (579-636) ya había dedicado un estudio a la música en sus Etimologías. También a finais del siglo IX el monje flamenco Huebaldo hizo un análisis de la técnica del organum, mientras que san Odón, abad de Cluny, intentó cambiar los nombres de las notas, sin éxito. El que si lo consiguió fue Guido DÀrezzo. Por último, no debemos olvidar las contribuciones intelectuales de Jhon Garland que fundaría la llamada Escuela de París (para distinguir de la de Colonia). Más adelante retomarían sus investigaciones Marchetto de Padua y los franceses Jean de Muris y Philippe de Vitry.