La vida musical bizantina se caracterizó por los himnos religiosos, reelaborados a modo de versos sobre los textos bíblicos, que darían lugar más tarde a las stichera, que se entonaban en medio de los versículos de los salmos de oficio, mientras que los kánones eran una elaboración poética de las odas bíblica. En estos últimos se mezclaba frases de distintas fuentes y trozos de melodías conocidas, en un proceso llamado centonización. También existían pasajes puramente ornamentales que recibían el nombre de melismas. Al igual que sucede en las culturas clásicas de otros pueblos, la centonización no utiliza escalas, sino fórmulas melódico-rítmicas que tienen un lugar determinado en la interpretación. Es lo que los hindúes definen como râga, los árabes como maqâm y los bizantinos como echos.