Sin embargo, el régimen de terror y racismo acuñado por Hitler tendría su propio sello cultural, ultragermanizante y reivindicador (en primer término) de la megalomanía wagneriana y de sus sueños antisemitas. De esta manera, no sólo se condenó físicamente al destierro a los músicos judíos, sino que se intentó borrar todo vestigio y huella de los mismos en la barbarie nazi. Entre los colaboradores se contó en principio con figuras como Richard Straus o Carlo Orff, pero más tarde estos mismos autores serían a su vez tildados de poseer una estética “degenerada”. Entre los que huyen al exilio encontramos no sólo alemanes como Erich Wolfgang Korngold, sino tmbién austríacos, país entonces en la esfera de influencia del régimen nazi, como el vienés Ernst Krenek