El estilo comienza a sonar demasiado bombástico y su emocionalismo deviene sentimentalismo. Esa sensación lleva a muchos compositores a reaccionar retornando a la simpleza de ideas del clasicismo. El siglo XVIII sirve de espejo donde los músicos del XX buscan su inspiración y la objetividad de un lenguaje musical más puro. El cambio comienza a gestarse en Francia y luego se extenderá por toda Europa, siendo una de sus primeras y principales figuras el reconvertido Stravinski que decide abandonar la vía de la alegoría folclórica. Stravinski descubre esta afición después de escuchar la versión coreografiada que Diaghilev prepara para sus Ballets Rusos de la música de Domenico Scarlatti, creando más tarde un ballet inspirado en Pergolesi y en la escuela napolitana del XVIII, Pulcinella.