En principio, sabemos que todas las culturas tienen alguna  otra forma de expresión musical. Más allá de este planteamiento, parece existir un consenso respecto al ritmo y el pulso, seguramente derivados de la propia experiencia sensorial que se da durante el proceso de la gestación humana. También está muy extendida la noción de la equivalencia de octava, que hace que una misma melodía pueda ser interpretada en distintos registros por hombres, mujeres o niños. Pero las similitudes se extienden y alcanzan incluso a ciertas características interválicas, como la escala pentatónica (de cinco notas separadas por tono o tono y medio), cuyo ámbito abarca desde la China milenaria, a África, América, Europa o Australia. Parece sorprendente que podamos encontrar rasgos comunes en sitios tan alejados e inconexos como Escocia, Rusia o Brasil.