En el ambiente crítico de principios de una nueva era, se proponen nuevas maneras que han de impactar en el concepto mismo de la música. Hay quienes incluso diseñan automatismos de creación y análisis musical que, supuestamente, habrían de proporcionar una nueva fórmula creativa. También se experimenta con nuevos sonidos, producidos no ya por los medios instrumentales tradicionales, sino descubriéndolos en la naturaleza, en las nuevas fuerzas de la electricidad y la electrónica, así como en vestigios de tiempos olvidados. Personajes tan al margen de las corrientes musicales en boga como el norteamericano Charles Ives, conciben fantasías sonoras sólo realizables casi cien años después. Es en Estados Unidos, aunque no únicamente allí, donde este movimiento encontraría un terreno más fértil para la experimentación, especialmente a partir de la obra de Varèse, Cowell, Partch y Cage.