Este período destaca asimismo por su aplicación a las artes de las teoría psicologistas cuya capital es la misma Viena que se asombra de los descubrimientos de Sigmund  Freíd y se escandaliza con los sonidos de la escuela de Schoenberg. La nueva música ya no busca el equilibrio, sino lo contrario. De las raíces del wagnerismo y el postromanticismo, surge una nueva orientación que acabará desguazando los elementos tradicionales, bien por el ímpetu anárquico del atonalismo, bien a través de un lenguaje que inventa su propia estructura: el dodecafonismo. La palabra expresionismo, como antes el impresionismo, se utilizó en primera instancia para describir una corriente pictórica. El expresionismo es subjetivo por definición y por lo tanto está emparentado con el romanticismo, aunque difiere en los medios. Su temática principal son los conflictos, ansiedades, temores y otros impulsos irracionales del ser humano.