Las frecuencia irregulares de este último fenómeno acústico sólo se incorporan al lenguaje musical como ilustración programática (por ejemplo, los cañones de la Obertura 1812 de Chaikovski) o simbólica ( el redoble de la caja, que augura guerra). Muchos compositores del nuevo siglo, hipnotizados por la magia de las máquinas, encuentran su inspiración en un búsqueda tímbrica más amplia, que abarca desde las melodías de timbres de Schoenberg, a la interpretación en los límites instrumentales normales (por ejemplo, en La Consagración de la Primavera de Stravinski), pasando por agigantar la sección de percusión. Otros, animados por una filosofía nihilista y de tintes fascistas, se adhieren a un Manifiesto futurista, para el que el rugido de un motor es más bello que la Victoria de Samotracia.