Abundan las escuelas y estilos particulares, pero por todas partes se busca la unión del texto y música, especialmente a través de los madrigales, entre cuyos principais cultores encontramos a Marenzio y el oscuro Carlo Gesualdo. El afán renacentista anima también las investigaciones teóricas y los experimentos académicos, que desglosan con gran técnica y detalle los entresijos del ritmo y la armonía. Este debate se traslada incluso a las tertulias de la “Camerata” de Florencia, inspirada en una renovada visión del helenismo clásico, y que inspiraría el manifiesto de Vicenzo Galilei (padre del astrónomo) denominado Diálogo de la música antigua y la moderna. Las ciudades italianas son remansos de creación donde conviven los mejores aartistas de la época, desde los glamencos Wilaert, Wert y Lasso, o los españois Victoria, Guerrero y Morales, con los venecianos Gabrieli o el romano Palestrina.