En la Europa del barroco subsisten todavía algunas formas instrumentales solistas con una literatura importante. Ejemplo de ello es la música para laúd, que en Francia encuentra su máximo exponente en Denis Gaultier, mientras en Alemania destaca Reusner y más adelante S.L. Weiss, aunque también existe una transcripción para este instrumento de una suite para violoncello de J.S. Bach. En Italia destaca Kapsberger, que editó cuatro volúmenes de piezas para lúd con la notación de la tabulatura ( que indica el sitio de pulsación de las cuerdas, en lugar de su nota en un pentagrama). Mientras tanto, en España se desarrolla una rica tradición compositiva para instrumentos de púa, primero para vihuela de mano y luego para guitarra, que pasaría al Nuevo Continente de la mano de los conquistadores y misioneros.
Literatura de violín. Entre los compositores más destacados para este instrumento durante el período del barroco destacan Cima, Marini, Castello, Grande, Cazzati, Vitali, Albinoni, Locatelli y Dall`Abaco, siendo de especial trascendencia la figura de Vivaldi, que incorpora nuevas técnicas interpretativas, dotando de nuevas posiciones a la mano izquierda, así como de una mayor precisión rítmica a la ejecución.