Las corrientes vanguardistas europeas afincaron definitivamente en su territorio, especialmente después de recibir una oleada constante de inmigrantes y exiliados de guerra, entre los que destacan algunas de las principales figuras del siglo: Schoenberg, Stranvinski, Bartòk, Weill, Krenek, etc. Estos protagonistas de la renovación del lenguaje musical encontraron oídos atentos entre unos alumnos que más tarde desarrollarían estilos y escuelas propias. Por una parte, en EE UU se afinca un tipo de experimentalismo que conjugará muy bien con las nuevas propuestas libertarias de los sesenta: happenings, improvisación, arte pop, etc. Por otra, las nuevas tecnologías de tratamiento y producción del sonido posibilitan el acceso de personajes ajenos a los conservatorios a la creación de nuevas música, sin complejos ni deudas históricas con el pasado.