El renacimiento en la música, a diferencia de lo que sucedió en otras artes, como la literatura, se prolongó hasta entrado el siglo XVII, y su verdadera significación vendría dada por la ópera como evocación de la tragedia griega, máxima consecuencia y espejo donde se miraba el humanismo, una doctrina que consideraba la Grecia clásica como ejemplo de perfección y armonía en las relaciones sociais y artísticas. La ópera no nace de improviso, sino que germina en un caldo de cultivo en el que ya se conocían otras formas de escenificar la música, como el misterio medieval (que al convertirse en oratorio pierde su carácter escénico). Con la ópera nace una especie de paganismo lírico al que se aplica el nuevo concepto de “drama en música”. La ópera es también un golpe de aire fresco en el asfixiante entramado polifónico que tejen Palestrina y sus contemporáneos en contrapuntos góticos y densos. Otros antecedentes de músicas dramatizadas son los ballets flamencos del siglo XV, que se dotaban de escenografías y vestuarios especiais, y que luego darían el paso a los fastuosos espectáculos de la Francia del Rey Sol. En 1637 el romano Ferrari abre en Venecia el Teatro San Cassiano, que será el primer teatro de ópera público y para cuya inauguración se estrenó la ópera Andrómeda de Francesco Manelli. En 1678 le sigue el Teatro Grimani junto a San Juan Crisóstomo, en el que ya se aprecian los elementos arquitectónicos característicos de los teatros de ópera de todo el mundo: palcos para la aristrocracia, patio de butacas para el público general, un foso orquestal, un escenario y unos laterais decorados. Las dimensiones de las salas variaban, pero algunas llegaban a tener un aforo para mil personas.
Ópera en Italia. El modelo veneciano de ópera pronto se difundiría por toda Italia y se convertiría en el tipo de producción artística dominante de la segunda mitad del siglo XVII. En cada parte del mosaico de nacionalidades de la península itálica las historias representadas y cantadas adquieren un significado local propio, a través del heroe o semidiós más cércano a la ciudad o región. De esta manera, se daban situaciones tales como que una ópera se representase completa o con algunas escenas cambiadas, según el escenario elegido. El sistema de temporadas de representaciones que se instauró en Venecia deja libre a la compañía para actuar en otras ciudades, que así pueden apreciar el nuevo arte, desde Bolonia a Génova, Milán o Florencia. Los creadores más abiertos de estos lugares acogen el nuevo género y comienzan a componer para el, con un fervor cuyo punto ágido lo constituye la obra de Alessandro Scarlattri. Entre las óperas más destacadas compuestas en el siglo XVII fuera de Venecia diguran La muerte de Orfeo y San Alesio de Stefano Landi, La cadena de Adon de Domenico Mazzocchi y La fuerza del amor paterno y La Rosaura de Alessandro Stradella.
La Ópera en Francia. En Francia se produce en el siglo XVII una transición del ballet de corte a la ópera. El ballet de corte surge de las grandes fiestas del Renacimiento, mezcla de mascarada y cuidada acción dramática. El ballet dramático, por su parte, exigía una puesta en escena complicada y la colaboración de artistas de primer orden, a fin de imprimir la expresividad necesaria a las representaciones. Un ejemplo temprano de ello es Circe o el Ballet Cómico de la Reina de 1581. Más tarde Pierre Guédron compondría La liberación de Renaud en 1617 y Tancredo en 1619, pero el público parisino descubre enlos dramas vencíanos una nueva manera de cantar las intrigas palaciegas, un testigo creativo que recoge Jean de Cambefort, que compone divertimentos para las representaciones locais de las óperas Jerjes y Hércules amante de Cavalli. El verdadero despegue de la ópera francesa llegará con el nombramiento de Jean Baptiste Lully al frente de la ópera, desde donde se enfrentaría a sus competidores musicales Robert Cambert, Pierre Perrin y el marqués de Sourdac, que intentaban representar con versos franceses óperas semejantes a las italianas.La influencia de las óperas italinas no solo fue notable en la música, sino también en el decorado y las maquinarias teatrais. El teatro Marais se especialízaa en dramas con complicados entramados escenográficos como las óperas Orfeo de Chapoton o Andrómeda de Corneilla, con música de Assoucy, o Las bodas de Bazo y Ariadna de Donneau de Visée con música de Louis de Mollier.

 
La ópera en Alemania. La ópera hace una entrada tardía en los países de habla alemana a través de Austria, extendiéndose a partir del siglo XVIII hasta los países nórdicos e incluso Rusia. El primer compositor alemán de una ópera de estilo italiano fue Heinrich Schütz, que creo Dafne en 1627, sobre versos de Rinuccini traducidos al alemán. Su éstreno tubo lugar en el castillo de Hartenfeld durante las vodas de la hija de Jorge I de Sajonia con el margrave de Hesse. Hasta entonces en los países de habla alemana se conocía el drama litúrgico renacentista con cancione si coros. El siglo XVII alemán fue testigo de cruentas guerras, como la de los Treinta Años (1618-1648), que no fueron el mejor caldo de cultivo para un nuevo arte. A pesar de ello, se estrenaron algunas óperas del organista Gaspar Kerll en Munich. La primera ópera alemana que se conserva en Seelewig de Staden (Nuremberg, 1644). A finais del XVII destaca el teatro lírico de Hamburgo, inaugurado en 1678, que más tarde oiría las piezas de Haendel, y para cuya inauguración Johann Theile compondría la ópera Adán y Eva. Esta partitura se ha perdido, pero en su lugar se consevan partes de otra llamada Orontes. En Alemania no termina de imponerse el teatro público, aunque si existen teatros de corte donde se representan los dramas líricos. En Hannover Steffani inaugura el teatro con Ricardo León, en Munich triúnfa Kerll, que luego pasará a Viena, donde coinciderá con artistas italianos de la talla de Cesti, Draghi y Bononcini. Otros nombres sobresalientes en la vida operística vienesa fueron Antonio Caldara, Legrenzi y Johann Josep Fux. También las cortes y ciudades pequeñas se beneficiaron de las nuevas obras de Löwe, Schürmann y Hasse en Braunschweig , de Johann Philipp Krieger en Weissenfels, y de Bontempi y Pallavicino en Dresde.
La ópera en otros países. Del norte de Italia, la ópera se traslada al sur de la península y más alla de los Alpes, penetrando con fuerza en países como Francia. Pero no fueron estas las únicas naciones que sucumbieron al encanto del arte lírico. El drama musical pronto cruzaría el canal de la Mancha y adquiriría carta de ciudadanía en las islas británicas, al igual que se expandiría hacia occidente por España y más tarde a las colonias americanas, y de los países nórdicos pasaría a conquistar los lejanos teatros rusos. Nunca un estilo musical había alcanzado tal grado de popularidad. Y nunca un género dramático había suscitado tanto interés por adoptar un lenguaje vernáculo tanto en idioma como en símbolos históricos. Desde entonces, no hay nación que no tenga una ópera que recoja su epopeya y características particulares a través de unos personajes de zuna mitológica o real, transformados en una conjunción de artes concurrentes en el escenario: poesía, música, teatro, esceneografía, vestuarios, danza, historia y fantasía.
Otras forma dramáticas. La ópera no fue el único género de drama musicado del siglo XVII, aunque los otros no alcanzaron la popularidad y difusión de ésta. Especialmente importante, no obstante, fue la predilección de algunos eminentes creadores por los géneros del oratorio y la cantata. El oratorio se remonta a 1575, cuando San Felipe Neri instituye la Congregación del Oratorio en la iglesia de Santa María de Valaicella en Roma. Por otra parte, durante el Renacimiento se siguió cultivando el antiguo drama religioso medieval, al margen de la temática mitológica que inspiraba las primeras óperas. Una de las variantes del oratorio fueron las pasiones dramatizadas. Otro género de gran difusión en la época fue la cantata de cámara, siendo una especie de ópera de concierto.Por otra parte, la cantata de iglesia o sagrada procedía del motete, pero dotada de un estilo dramático dialogado. De la misma época datan las misas-cantatas, en las que el texto se divide en breves párrafos que admiten la inserción de arias que prolongan la duración de la obra y acercan la misa a una vivencia más personal. Este género en su vertiente profana gozó de mucha popularidad en Italia, donde en el siglo XVII destacan Monteverdi, Cavalli, Legrenzi, Carissimi, Pasquini y Luigi Rosi, entre otros. La cantata religiosa se adapto al carácter de la liturgia protestante, extendiéndose por Alemania a partir de Schütz y llegando a su cúspide creativa con J.S. Bach., autor también de varias pasiones dramáticas, cuyo origen puede rastrearse hasta los primeros dramas de Obrecht y Guerrero en el XVI.
 

 

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