Cuando a partir de 1492 empiezan a llegar los conquistadores europeos, se destruye gran parte de esta herencia cultural y artística, comenzando por el lenguaje y las creencias. Sin embargo, surge un proceso social de “aculturación” que acomoda la nueva realidad a los viejos dioses. Las religiones sincréticas, por ejemplo, visten de atributos mágicos el santoral cristiano. También en la música se dan casos similares. Los viejos himnos y danzas adoptan nuevas letras aprobadas por la Iglesia y sirven para animar los ciclos de fiestas, de carnavales a Pascua.
El charango:El charango ejemplifica perfectamente lo que es un proceso de aculturación. Los nativos americanos no conocían la técnica de pisar las cuerdas como modo de modificar el sonido.Con los europeos llegaron al continente guitarra y bandurrias.Los amerindios tomaron como caja de resonancia el caparazón de un animal local (el amarillo) y crearon un instrumento del folclore popular de la zona meridional deAmérica.
Instrumentos y melodías: En la América precolombina no había casi instumentos de cuerda, a excepción de algunos arcos musicales que aún resuenan en las selvas. Casi todo el aparato para hacer sonar música era idiófono: instrumentos que sonaban por si mismos, como calabazas rellenas de semillas o collares de conchas. Entre los aztecas descubrimos también el teponaz-tl, un tambor de tronco hueco con una raja en forma de hache, y tambores huchuetl. Un instrumento característico de la zona andina es la flauta de pan o siku. Las melodías que cantaban y entonaban los amerindios podían ser muy simples y expresivas: tan solo dos o tres notas bastaban para convocar a los dioses de la lluvia o los espíritus de los muertos. Otras culturas, como los aymara, utilizaban escalas compuestas de cinco tonos (pentatónicas). Las canciones suelen tener en general una curva melódica descendente y un ritmo de pulso marcado, estrechamente relacionado con el baile y los rituales.