Por otra parte, vuelve a imponerse un arte popular, no erudito, que interpreta de oído, sin partitura, el canto profano acompañado del laúd o el arpa. Es el comienzo de una nueva era en la que el hombre, en lugar de los dioses, ocupa el centro de atención, una postura que posteriormente sería definida como Humanismo y, en las artes, sería interpretada como un Renacimiento del espíritu creador y original. Sus inicios pueden rastrearse en la Italia del Trecento, especialmente en ciudades como Papua, Bolonia, Módena y Florencia. Justamente esta última ciudad será el escenario del Decamerón de Bocaccio. En lo relativo a la música, es la época que ve nacer géneros como la balata, del cual es máximo representante el compositor ciego Francesco Landini (1325-1397), que será uno de los personajes principales de los cuentos del Paradiso degli Alberti, escrito por Giovanni da Prato en 1425.