La orquesta se convierte en un símil de la nueva sociedad industrial y de los ideales democráticos. En su base se encuentran las masas sonoras de las cuerdas (bloques de primeros y segundo violines, de violas y de violoncellos), a las que apoyan otros  subconjuntos especializados, como los vientos y la percusión. Y sobre todos ellos, la figura central del director, a cuyos movimientos de manos y brazos se hacen corresponder el tempo y la expresión general. Las orquestas se profesionalizan y trabajan en ensayos. Las exigencias de interpretación se elevan y a veces encuentran pasajes solistas en los que expresarse individualmente. El lenguaje orquestal se enriquece y se vuelve más complejo, con un despliegue nunca oído de timbres y matices sonoros, de efectos de conjunto y de gran potencial dinámico. El fenómeno implica una democratización del concierto público, ya que el medio orquestal se presta a audiciones multitudinarias.
El medio sinfónico: En el siglo XIX comienza un proceso de decantación de la creación hacia el medio sinfónico. La orquesta se convierte en un símil de la nueva sociedad industrial y de los ideales democráticos. En su base se encuentran las masas sonoras de las cuerdas (bloques de primero y segundos violines de violas y de viloncellos), a las que apoyan otros subconjuntos especializados, como los vientos y la percusión. Y sobre todos ellos, la figura central del director, a cuyos movimientos de manos y brazos se hacen corresponder el tempo y la expresión general. Las orquestas se profesionalizan y trabajan en ensayos. Las exigencias de interpretación se elevan y a veces encuentran pasajes solistas en los que expresarse individualmente. El lenguaje orquestal se enriquece y se vuelve más complejo, con  un despliegue nunca oído de timbres y matices sonoros, de efectos de conjunto y de gran potencial dinámico.