El pistoletazo de salida lo señala la revolución del arte dramático desde la perspectiva de Wagner. Pero, simultáneamente con esta explosión de talento y sentimentalismo seguirá coexistiendo una línea romántica más acorde con la tradición, encarnada en la figura de Johannes Brahms. Su figura puede verse como una continuación de la obra de antecesores como Beethoven, Schubert y Schumann, aunque con una claridad de lenguaje que le hace acreedor del apelativo academicista. Su oposición intelectual a Wagner en la defensa de la pureza de la música le granjeó no pocas enemistades entre quienes vieron en él la encarnación de la inmovilidad de los antiguos maestros de capilla. Pese a ello y al triunfo histórico de las tesis renovadoras, la figura de Brahms es señal de calidad creativa y profundo respeto por el arte. Cultivó la música instrumental, de cámara, religiosa y sinfónica.