Pero, realmente, el artífice de esta reforma musical de Occidente sería Carlomagno, que al ser designado cabeza del Sacro Imperio Romano se ocupó de promulgar este repertorio y de suprimir los diversos dialectos del canto, aunque se siguieron conservando algunas variantes.

En los siglos XIX y XX los monjes benedictinos de Solesmes, en Francia, editaron estos cantos en una colección denominada Paleografía Musical, y editaron también libros de meumas (patituras primitivas) que fueron declarados oficiales por el Vaticano en 1903, aunque desde el Concilio Vaticano Segundo ya no fueran utilizados obligatoriamente.