En el plano musical, a mediados de la centuria la gran ópera histórica italiana o italianizante se bate en retirada dando pie a un arte lírico más social, sino realista, al menos de temática cercana a la realidad. La misma reacción anti-italiana que vive París se experimenta en países como Rusia, Hungría, Bohemia y Polonia. Los signos de los nuevos tiempos pueden verse ya en la obra de Berlioz, pero especialmente en el renacimiento de una ópera nacional, la creación de la opereta y la maximización del público a través de conciertos como los organizados por Pasdeloup.