El romanticismo como movimiento se remonta incluso a la figura de Shakespeare, para luego extender su filosofía a otras  partes del continente europeo en la obra del francés Jean-Jacques Rouseau (romántico como escritor, clásico como compositor) y especialmente en la del poeta alemán Wolfgang Goeth. El romanticismo surge como reacción contra el formalismo y los refinamientos palaciegos del siglo XVIII. Se intenta retornar a los orígenes de la civilización cristiana occidental, no ya desde la antigüedad clásica y pagana, sino bebiendo de las fuentes oscuras y mágicas de la Edad Media, con su mitología de santos y mártires, sus leyendas y tradiciones populares.
Los músicos románticos: Los músicos del siglo XIX tomaron como paradigma del compositor a Beethoven, figura atormentada por una infancia desgraciada, que encuentra en la música un medio de liberación de su alma. Junto a los tradicionales músicos de oficio surge un nuevo tipo, consagrado exclusivamente a la composición y no a la interpretación musical. Este ambiente da lugar al enfrentamiento de dos conceptos opuestos del papel del artista. El músico romántico está orgulloso de sentirse aislado, de ser un genio incomprendido. Por primera vez en la historia de la música, los artistas componen obras que nadie encarga, destinadas a un público futuro. Música para la eternidad.