Estuvo al frente de la ópera de Viena en su momento más esplendoroso de fin de siglo para dirigir más tarde la incipiente Sociedad Filarmónica de Nueva York. Acabó nueve sinfonías y dejó una décima inconclusa, que fue reconstruida póstumamente. Tal como Beethoven, sometía sus obras sinfónicas a una constante revisión. Su estilo orquestal se caracteriza por su extensión complejidad formal y su naturaleza programática, es decir, que intenta ilustrar elementos extramusicales, especialmente narrativos. Mahler amplía hasta la grandiosidad su plantilla de instrumentos. Por ejemplo, la Segunda sinfonía utiliza 4 flautas, 4 oboes, 5 clarinetes, 4 fagotes (1 contrafagot), 6 trompas, 4 trombones, tuba, nada menos que 6 timbales, varios percusionistas, 3 campanas, 4 o más arpas y órgano, así como soprano y contralto solistas y coro.