Pese a ser contemporáneos, las figuras de Verdi y Wagner son contrapuestas. Si Verdi mimaba al público, Wagner lo despreciaba; si Wagner es un revolucionario, Verdi, un tradicionalista empeñado en continuar la obra de sus compatriotas compositores de óperas. Verdi también fue un activo patriota, cuyo nombre fue usado como símbolo de la unión italiana bajo la casa de Saboya (evivva Verdi: Evviva Vittorio Emmanuele Re D`Italia). Aunque conoció el arte francés y el alemán, buscaba su inspiración únicamente en la tradición nacional, afirmando también que el arte que carece de naturalidad y simplicidad no es arte. Su lenguaje musical y escénico fue evolucionando y refinándose con el tiempo, desde el Oberto de 1839 a su último Falstaff de 1893.